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Los Notables y la antipolítica (y III), por Orlando Viera-Blanco – Noticias Nacionales en Maracaibo

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Espuelazo Puro

Terminamos este ciclo sobre la antipolítica y Los Notables como expresión crítica de una sociedad que aún le queda mucho por madurar en términos de conducción prístina del Estado

 

@ovierablanco

Hemos repasado la salida CAP de la presidencia, el sobreseimiento de Hugo Chávez y la antipolítica como epílogo de la democracia venezolana. Nos corresponde ahora analizar el fin de una era, la pérdida de un régimen y la llegada de otro: la revolución bolivariana.

Venezuela entra en una postergación que no sabemos cuándo terminará. Esta es la razón de ser de estos ensayos sobre antipolítica y Los Notables. Producir una reflexión profunda sobre cómo llegamos a la anomia. No es reducir la posdemocracia, la posverdad, a un neologismo indescifrable. Es encender luces sobre actitudes contraproducentes como la desinstitucionalización y la edificación de un Estado ausente. Porque era deber inexcusable de las clases intelectuales y notables del país evitarlo, no empujarlo.

Un país que jamás estuvo hipotecado

Precisamente es por aquella fecha, 10 de agosto de 1990, que un grupo de notables liderados por Uslar se dirige a CAP, presidente de la República, a los senadores y diputados al Congreso Nacional, cuando CAP intentaba desarrollar una nueva dinámica en la orientación del Estado y la economía. Liberación de precios, desarme arancelario, control del gasto público, reducción del déficit fiscal, privatizaciones, renegociación de la deuda, eliminación de Recadi [Régimen de Control Aadministrativo de Divisas, un antro de corrupción]. Históricamente fuimos un país de superávit en nuestra balanza de pagos, un acreedor neto, pasando a ser un país deficitario.

El gobierno de Luis Herrera Campíns, recibió un país con deuda neta cero, es decir, ingresaban más dólares de los que se gastaban. Nunca fue cierta la expresión “he recibido un país hipotecado”. La deuda externa de Venezuela en 1979 [al terminar CAP I] era sustancialmente inferior a sus ingresos petroleros más reservas. Pero en vez de favorecer una economía expansiva, Luis Herrera elige mantener “la botija llena” del Banco Central de Venezuela, que llevó al país a una contracción económica. Se intensifican las importaciones, cae la inversión, sube la estatización progresiva y la carga de la deuda externa. En la práctica fue un subsidio criminal y grotesco de dólares a 4,30 para un sector empresarial [1 % de la riqueza nacional] que se encargó de vaciar la botella, embriagados de divisas baratas.

Lusinchi [1984] recibe el país con una fuerte carga de endeudamiento, un bolívar devaluado y un control de cambio [Viernes Negro 18/2/1983], después de décadas de estabilidad y libertad cambiaria. Con los precios del petróleo aún en alza cambia la ruta [1986 y 1987], con un agresivo plan de inversión y aumento del gasto público, que repercute en el endeudamiento interno y externo, desproporcional a la balanza de pagos. Rápidamente las reservas del BCV que llegaron con Luis Herrera a 35 billones de dólares [unos 150 billones de dólares hoy] caen a 17 billones o 75 billones de dólares de hoy, “favorecido” por un RECADI prêt-à-porte. Cuando CAP II asume la presidencia en 1988, las reservas estaban en menos de 350 millones de dólares y el servicio de deuda externa era negativo. Llega el paquetazo…

Economía de shock vs. el paquetazo político

Aplicar una política económica correctiva que borrara el principal vicio del capitalismo –que es mantener una economía regresiva, inflacionaria y deficitaria– fue inevitable. El shock no fue “el paquete de medidas”. El shock era político. Un país acostumbrado a una economía rentista, subsidiada, tutelada, con notas de importación y dólares preferenciales, entra en una espiral de liberación, desmontaje de controles, adecuación de la cuenta corriente, en el marco de un refinanciamiento de deuda externa agresivo. Venezuela tenía que refinanciar 11 billones de dólares con 350 millones de dólares en reservas. Fue necesario desconocer la deuda RECADI, activar un programa de privatizaciones de empresas públicas ineficientes y asediadas de corrupción, más otros ajustes como IVA y reducción de barreras arancelarias. 1989 fue un año de inflación inevitable.

A Pérez no solo no le perdonaban ser presidente por segunda vez, sino aplicar un menú económico liderado por tecnócratas, además de apartarse –inapropiadamente– de AD. Los señalamientos de Uslar y Los Notables sobre la reorientación del Estado fueron críticos y apocalípticos. Estalla el 28 de febrero de 1989. Una reyerta atribuida a las políticas liberales tildadas de paquetazos. Pero hoy sabemos que el verdadero paquetazo fue la antipolítica. En vez de privilegiar un nuevo consenso, se eligió el camino de la incriminación y la rivalidad.

Hay que destacar que Venezuela tenía en el año 1960 un ingreso per cápita más alto que Japón, 20 veces el producto per cápita de Corea del Sur, de Singapur o de Taiwán, países pobres en 1960. Venezuela comenzó un proceso de agotamiento de la sustitución de importaciones.

Debíamos haber reorientado la economía, buscado nuestras ventajas competitivas y continuar aumentando la producción petrolera […]”. Había necesidad de desarrollar otras áreas de producción del país, donde se podía aumentar fuertemente su productividad, que es lo que empieza a caer cuando se agotaba precisamente el modelo de sustitución de importaciones” (Miguel Rodríguez exministro de Economía CAP II). Pero lamentablemente no fue así. Después de Pérez I no aprovechamos la crisis de la revolución de Irán [1979] y se tomó una ruta contractiva. Este proceso degenerativo de las finanzas públicas se produjo en medio de las arcas llenas en la banca internacional, el BCV y PDVSA, fondos destinados a satisfacer la demanda de divisas de un 1 % de la población.

El shock –insisto– no nace el 27 y 28-F de 1989. Fue producto de un proceso involutivo después de 6 décadas de crecimiento económico sostenido (desde 1920). Crecimiento urbano, industrial y estabilidad cambiaria absoluta. De ese proceso involutivo no solo participaba la clase política, sino una clase empresarial notable, visibles intermediarios políticos y un criticismo pontífice que se exculpaba. Es verdad que muchos sectores gremiales, institucionales y académicos alertaban sobre la grave y creciente crisis material y moral de un país rico/pobre. La Iglesia, las universidades, los individuos de número, advertían sobre los peligros del bipartidismo, del Estado rentista y una injustificada pobreza. Es verdad que no fueron escuchados, pero la conjura de los náufragos fue desproporcional y devastadora.

Los 80, una década perdida

América Latina entró en una espiral recesiva en la década de los 70 que la condujo a la tempestuosa década de los 80. No solo tiene que aumentar el endeudamiento para financiar el aumento de los precios del petróleo [1979/Revolución iraní], sino también atender la deuda acumulada desde la guerra del Yom Kipur [1973] y por la subida de los tipos de interés de la economía mundial.

Brasil, un país que tenía una deuda externa de 7000 millones de dólares en 1973, termina con una deuda impagable de 120 000 millones de dólares en 1982. Por lo que colapsa la economía brasileña. México, que tenía una deuda pequeña en 1973, termina con más de 100 000 millones de dólares de deuda pública, y la gran crisis de 1983. Surge la moratoria del pago de deuda por parte la mayoría de los países de América Latina. No por casualidad los 80 son la década de visibles transiciones políticas en LATAM.

Venezuela ha debido ser excepción en esta “década perdida” de los años 80. Pero un endeudamiento faraónico [Pérez I], políticas regresivas de “botija plena” [Luis Herrera] y un gasto público deficitario [Lusinchi], nos llevaron a la debacle. Un proceso de redistribución del ingreso por una transferencia de riqueza brutal de los sectores más pobres a las familias más ricas del país, consagrado en un festín de otorgamiento de divisas, que nos condujo a una extrema fragilidad. Y quienes veían caer la democracia, en vez de construir, auparon la violencia catastrofista [Octavio Lepage dixit]. Una década perdida que ha podido hacer de Venezuela el Singapur de LATAM. Fragilidad catalizada por la antipolítica y aprovechada por los golpistas. Una década en la que se enalteció el antagonismo posdemocrático, donde los intereses colectivos fueron arrastrados por componendas y soterradas soberbias.

Bueno recordar que Betancourt y Leoni demostraron, en palabras y obras, vocación patriótica y de unidad nacional, donde los intereses del Estado se anteponen a los intereses partidistas. Ese areté [señorío] político, es un eslabón perdido de nuestra historia contemporánea. Y la pérdida de los 80 significó, sin duda, el ascenso de los antagónicos de los 90, cuyo “ajuste de cuentas” aún lo pagamos inmerecidamente todos los venezolanos.

A manera de conclusión: asumamos nuestro rol…

Terminamos este ciclo sobre la antipolítica y Los Notables como expresión crítica de una sociedad a la que aún le queda mucho por madurar en términos de conducción prístina del Estado, rendición de cuentas, corresponsabilidad social y sensibilidad ciudadana. La identidad no es solo ideológica y cultural. Es profundamente institucional, cívica y humanitaria.

La antipolítica desde la esfera notable no es nueva. Un ejemplo era la resistencia de intelectuales, novelistas y políticos como el autor de Peonía novela de Romero García [1890] donde se ponen en juego personajes-símbolos y descripciones del realismo criollista. No faltó su crítica mordaz al Ilustre Americano, Antonio Guzmán Blanco, o aquella famosa frase: “Venezuela era un país de nulidades engreídas y reputaciones consagradas” [1896, El Cojo Ilustrado]… Por estas calles (Ibsen Martínez/RCTV), por supuesto que no tumbó a Pérez, pero cada entrega de sus 679 capítulos [junio 1992–agosto de 1994] concentrados en la caracterización de Eloína Rangel (Gladys Ibarra), Eudomar Santos (Franklyn Virgüez), Rodilla e ‘Chivo (Jean Carlos López) y Don Chepe Orella (Héctor Mayerston), pusieron su condimento.

Estampas del país que hemos sido, por Sebastián de la Nuez

Quienes dicen que Chávez llegó al poder entre otros factores, gracias a Los Notables y a la antipolítica no se equivocan. Odios, rémoras, reflujos y revanchas incontenibles. Pero hay otras variables. Políticas económicas y sociales embriagadas de petrodólares y populismo. Políticas públicas clientelares, pero también apostólicas. Un país fatigado de rencillas y viejas rivalidades, donde líderes fundamentales antepusieron intereses personales a los intereses de una nación empobrecida.

No estoy seguro si hemos reflexionado sobre la necesidad de una sociedad más incluyente, humilde y educada en términos de igualdad, fraternidad y libertades reales. Un Estado dominado por clases políticas, civiles o notables indiferentes al estómago, el afecto y los anhelos de la gente, es un Estado vacío, un Estado ausente. Por cierto, un rol [la corresponsabilidad social, el ambiente, la pobreza] que no solo corresponde a lo público, sino también a lo privado.

La democracia venezolana quedó sepultada el 23 de mayo de 1993, con la expulsión de Pérez de la presidencia y el inicio de una cadena de eventos rebosados de nulidades engreídas y reputaciones consagradas… Nunca un golpista ha debido ser candidato, ni un presidente pasar a ser presidiario. No en esos contextos. Nunca una constituyente ha debido ser permitida y refrendada como nueva Constitución. Nunca nuestro petróleo debió servir como bozal del Caribe, del socialismo del siglo XX y XXI y de la OEA, y nunca la bandera tricolor ha debido ser permutada por la verde oliva y la estrella grana y celeste de Cuba. Cuidado con los notables de fachada revolucionaria, con su mar de la felicidad.

Hay otros notables –al decir de Weber– que usan su sabiduría, la academia y posición socioeconómica para liderar movimientos memorables. Su conciencia está lejos de favorecer al tirano (Alexandre Millerand, expresidente de la III República francesa). «En la historia de la humanidad, son ellos los que notablemente –desde agencias electorales con el pueblo en la calle– derrotaron la más elevadas pretensiones autoritarias, imperiales y patrioteras del hombre…». No lo contrario. Asumamos nuestro rol histórico, haciendo política con nobleza y desprendimiento.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

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